FUNDACIÓN UNIVERSITARIA CLARETIANA (FUCLA)

UNA RESPUESTA A LOS SUEÑOS DE UN PUEBLO

 

Gonzalo M. de la Torre Guerrero
Rector Fundación Universitaria Claretiana (FUCLA)
Quibdó, 20 de junio del 2.0
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Compañeras y compañeros de construcción de sueños y proyectos: me corresponde, como acto final de este día, hacer la presentación de la Fundación Universitaria Claretiana FUCLA. Lo hago en calidad de primer rector de la misma. Aunque la palabra sea más grande que la apariencia que ofrezco, lo hago con todo el corazón, tratando de hablar no sólo en nombre propio, sino en el de muchos compañeros y compañeras que han soñado y construido lo que ya es hoy una nueva Universidad para el Chocó, el Pacífico afrocolombiano y para Colombia entera.


1. Es bueno recoger los sueÑos del pueblo y de sus compaÑeros de camino…

Hace un poco más de dos años (el 17 de marzo del 2.005), nos presentamos en las oficinas del Ministerio de Educación Nacional, con cuatro cajas de información educativa, que pesaban 140 kilos, en cumplimiento de los requisitos que exigía el mismo Ministerio, para empezar el proceso de aprobación de nuestra Universidad, como Fundación Universitaria Claretiana (FUCLA). Al cabo de dos meses nos dijeron que no aparecían tres de las cuatro cajas entregadas y que había que hacer una nueva entrega. Estas cuatro cajas eran el fruto de año y medio de trabajo, bajo la guía de un equipo de cinco especialistas en educación, pedagogía, derecho y administración que nos habían enseñado, paso a paso, los distintos y complejos caminos de la Educación Superior.

En esos 140 kilos de documentos, iban los sueños de muchos hombres y mujeres chocoanas, de varias generaciones de Claretianos y los propios sueños nuestros que, desde hace trece años, hemos querido dejarle al Chocó y a Colombia, en una obra docente permanente que investigue la realidad, construya pensamiento, cree una conciencia nueva, comprometida con la justicia y, de esta manera, construya sociedad en la igualdad, la equidad, la solidaridad y la fraternidad.

Cuando se piensa en cuál es el mejor regalo para un pueblo, ordinariamente pensamos en bienes de carácter material, ciertamente muy necesarios y muchas veces indispensables. Los Claretianos y quienes han trabajado con nosotros en misión compartida, lo hemos hecho en el Chocó. Por eso a su sombra han aparecido centros de educativos de toda clase, internados indígenas, fundación y traslado de pueblos, construcción de vivienda, fundación de centros cooperativos, aeropuertos y carreteras, microempresas, siembra de semillas mejoradas, centros culturales, entre otros.

Sin embargo, pocas veces pensamos en regalarle a un pueblo una fuente permanente de pensamiento, a partir de la cual se generen procesos de conciencia, de ética y de creatividad que lleven a cortar todo paternalismo, a repensar y asimilar su propia historia, a hacerse responsable de la misma y a ser capaz de proyectar su propio futuro, sin dependencias de ninguna clase.

Todos sabemos que si a un pueblo joven no se le deja pensar y programar su propio futuro y hacerse cargo del mismo, quedará siempre pendiente de sus “bienhechores” y patrocinadores, sin posibilidades de madurar y de crear por su propia cuenta lo que más le conviene a su historia. Quisiéramos seguir el camino de Jesús de Nazaret, quien orientó sus acciones y su doctrina a formar la conciencia del pueblo y de sus seguidores, sabedor de que la transformación que se logre en la conciencia es la que perdura y la única que será capaz de mover la historia y de crear en ella una sociedad justa que a su vez establezca una paz estable.


2. Todo comenzó en un rincón de la selva chocoana

En la ciudad de Quibdó, en el año 1.994, había un grupo de maestros que deseaban cualificarse en el área religiosa. Tenían que dar clases de religión y no se sentían suficientemente preparados. Por esos mismos días, algunos Claretianos (religiosos y laicos) estábamos empeñados en comenzar en la ciudad de Quibdó un movimiento bíblico que despertara en lo urbano una conciencia más crítica y comprometida con el Evangelio. Los maestros nos insistían en que organizáramos con ellos algún estudio de Biblia, a distancia y que tuviera reconocimiento universitario, pues ellos lo necesitaban, para mejorar su competencia educativa. Les aceptamos el reto, pero con una condición: que consiguieran un número suficiente de alumnos. El número que les señalamos fue de 15 personas. No tardaron en conseguirlas. Y en vez de 15, fueron llegando 30, 50, 70 personas…

Empezamos dando clases los sábados y domingos. Nuestra experiencia en la organización universitaria era escasa. Es cierto que habíamos trabajado en Universidades como docentes, pero esto no era suficiente para sentirse en capacidad de coordinar un estudio universitario. Fuimos conscientes de que debíamos aprender al lado de otros, ganar experiencia, crecer internamente, reforzar nuestras estructuras, ir preparando profesorado, ir creando una buena biblioteca y… tener paciencia, un poco de coraje, mucha constancia para estudiar y prepararnos, ir creando nuestros propios módulos de estudio y afianzar nuestras propias estructuras. Llegar a ser universidad era un proceso de maduración y aprendizaje y no sólo un acto de voluntad. El Centro de Estudios Bíblicos “Camino” del Barrio la Yesquita de Quibdó, fue el lugar silencioso donde nuestro sueño universitario duró doce años madurando, doce años en gestación… La FUCLA es la pequeña criatura que hemos gestado y que con amor les presentamos a todos Ustedes.


3.  La necesidad de aprender de otros y la oportunidad de agradecer a otros su apoyo

En busca de experiencia y de apoyo, comenzamos un largo recorrido por Universidades cercanas y lejanas. Recurrimos a centros y Universidades ecuménicos, como Promesa de Medellín,  Presbiterianos de Barranquilla y Universidad Bíblica Latinoamericana de San José de Costa Rica. Todos nos brindaron su apoyo y con todos recorrimos un trecho del camino. Recurrimos también a Universidades laicas colombianas, como la Universidad Antonio Nariño y la Universidad de Antioquia, sin que pudiéramos establecer un contacto permanente. Finalmente recurrimos a Universidades católicas, como la Pontificia Universidad Bolivariana de Medellín, la Universidad Católica de Oriente de Rionegro (Ant.), la Universidad Mariana de Pasto, la Corporación Universitaria Lasallista de Caldas (Ant.) y la Fundación Universitaria Luis Amigó. Con estas dos últimas hicimos convenios en dos carreras que han servido para graduar de Licenciados en Ética y Ciencias religiosas y en Teología, a un número significativo de alumnos: 80 licenciados por la Corporación Universitaria Lasallista y 60 por la Fundación Universitaria Luis Amigó; quedan aún por graduarse con esta última Universidad, 389 estudiantes, de los cuales el presente año se graduarán 225. No podemos sino agradecer al Padre Celestial y a estas dos últimas Universidades su inmensa generosidad.

 
4. La ocasión de conseguir la propia autonomía

 Durante estos doce años de maduración, hemos adquirido fortalezas, a saber: la creación de diez centros de atención y tutoría universitaria en Colombia (Quibdó, Barranquilla, Cartagena, Sincelejo, Pie de Cuesta, Medellín, Manizales, Pereira, Cali y Tumaco), haber matriculado más de 500 estudiantes en las dos carreras mencionadas, tener una infraestructura ya respetable en edificaciones, contar con una biblioteca de más de 20.000 volúmenes, tener un número valioso de profesores disponibles y formados en los propios principios, disponer de personas e instituciones especializadas dispuestas a colaborarnos, gozar de la presencia de una Diócesis que apoya y aprecia el apostolado universitario y, sobre todo, contar con una Provincia Religiosa Claretiana y un Gobierno Provincial que, por decisión del Capítulo Provincial del año 2004, ha incorporado con decisión a su apostolado el rico e inmenso campo de la Universidad, ciertamente con riesgos y sacrificios.

De estos 500 estudiantes que han pasado por nuestras aulas hemos aprendido mucho. La mayor parte de ellos han sido gente verdaderamente pobre, a quienes la Universidad se les presenta como una verdadera utopía. Hemos hecho nuestras sus ilusiones y quisiéramos demostrarle a tanta gente excluida que su sueño de acceder a una Universidad es posible, cuando las voluntades se aúnan, cuando nos desprendemos de todo interés personal e institucional y cuando ellos, como gente pobre, realizan también su propio esfuerzo y enfrentan sacrificios para lograr la meta propuesta.

De nuestra parte, centramos nuestra recompensa en la alegría de quienes se sienten más personas al lograr algo que sólo lo creían posible para los afortunados. Sinceramente creemos que teniendo un centro universitario propio, le abrimos camino en dignidad, en derechos y en nuevas posibilidades, a muchas personas marginadas de nuestro medio.

 

5. El compromiso claretiano con el chocó tiene raíces históricas y teológicas

Los 140 kilos de documentos presentados, el Ministerio de Educación Nacional nos los devolvió resumidos en estas pocas palabras: “Resolución Nº 2233 del 22 de mayo del 2006, por la cual se aprueba la FUNDACIÓN UNIVERSITARIA CLARETIANA (FUCLA), con sede en Quibdó (Chocó)”. Con estas breves palabras se liga, una vez más, la historia claretiana a la no fácil historia del Chocó.

Es decir, nacemos con gran orgullo, en un rincón del occidente de Colombia, considerado por muchos como selva inhóspita, en una región de la cual pareciera que Colombia se avergonzara. Pero en esta región hace ya casi cien años hemos puesto los Misioneros Claretianos nuestro corazón y a ella nos hemos ligado con el compromiso de entregarle nuestra propia vida.

Sabemos que educar es evangelizar, pues una educación que toca la conciencia y la mejora o la transforma, está en el mismo camino que inauguró Jesús de Nazaret hace dos mil años. También crece nuestra alegría al saber que, educando nuevos profesionales, le aportamos a Colombia sangre nueva y sana para los procesos de paz y de desarrollo que tanto necesita.

Hace cien años, entramos los claretianos al Chocó con estos tres libros: la Santa Biblia, el Catecismo del Padre Astete y los reglamentos propios de los Misioneros Claretianos. Bien o mal, construimos la fe y la moral de la iglesia que, por Bula de la Santa Sede, en 1908 nos encomendaron. Los que vinieron, misioneros españoles, traían el encargo expreso del Gobierno Colombiano de educar a los indígenas y a las comunidades afrodescendientes de entonces, para que ellas se incorporaran a la nacionalidad colombiana, entendida ésta como el dominio hegemónico de la cultura blanca del interior.

La historia claretiana en este aspecto es aleccionadora. Porque, entre contradicciones y fallas que ciertamente no faltaron, los misioneros primeros terminaron incumpliendo el encargo y dejándonos a los posteriores el ejemplo más hermoso de amor y de solidaridad tanto con la cultura indígena como con la cultura afrochocoana. La lengua de los indígenas no fue destruida como era la orden, sino más bien apreciada, valorada, y rescatada. Testigo de esto los dos grandes volúmenes de gramática, diccionarios y estudio de las costumbres indígenas embera-katíos, que nos dejó el P. Constancio Pinto García. Además, los testimonios fílmicos y los innumerables informes y escritos que reposan en los archivos claretianos son testimonio del amor que los misioneros claretianos han profesado por la cultura afrochocoana.

El encargo de reducir la cultura indígena y negra a la cultura del interior no fue obedecido. El gran testimonio de esto lo sanciona hoy la historia con las dos organizaciones sociales más grandes que tiene el Chocó: la Indígena (Orewa) y la afrodescendiente (COCOMACIA), fruto del compromiso misionero claretiano y de los otros misioneros de la Diócesis de Quibdó, por salvar y reforzar dichas culturas. Organizar a un pueblo o a una cultura es la mejor forma de apreciarla, amarla y defenderla, lo mismo que el mejor medio para hacer que no perezca y para que sus elementos culturales perduren para siempre. Este es el fruto de nuestra labor educativa en el Chocó, esta es nuestra mayor alegría, que nos permite decirle al pueblo indígena y negro del Chocó: nos trajeron para acabar con Ustedes, después de un siglo se los entregamos a la nación con la fortaleza de una organización que luchará hasta el final por los respectivos derechos, por la respectiva dignidad y por la respectiva sobrevivencia. Cuando alguien llega a enamorarse de otra persona, le nace en el corazón la poesía. Los claretianos de Colombia Occidental nos sentimos representados en las cuatro obras poéticas que el claretiano Javier Pulgarín ha escrito desde y para el Pueblo Negro del Chocó. Yo resumo su enamoramiento y el de todos los claretianos de este Pueblo, en esto cortos versos:  

Pusiste luz en mis ojos
y mi corazón
se llenó de alegría.

Escuché el canto de la tierra,
la música del río,
el paso de la lluvia,
la marcha de la noche,
el llanto de las estrellas,
y tú estabas allí,
de pie, abriéndome camino
hacia tu interior.

Rasgaste tu velo
y entré en tu vida,
fue solo un instante
pero me quedé allí
para siempre.
 

Todo lo anterior tiene que ver con la opción que los claretianos hemos tomado de hacer nacer una Universidad propia y hacerla nacer expresamente en el Chocó. Cuando al principio nos planteamos este deseo, aparecían otras opciones más lisonjeras: hacerla en Medellín, o en Caili o en Baranquilla, ciudades más grandes, más importantes, donde los claretianos contamos con mayores medios, con mejores infraestructuras, con menores dificultades, con más respaldo… Sin embargo, nuestra opción se mantuvo firme por el Chocó, por sus indígenas y sus comunidades afrodescendientes. Cada claretiano podría decir con Javier Pulgarín:

 

Amo al sol
que se pegó en tu piel
y escribió en tu cuerpo
una página de amor.

Amo la brisa que te golpea
y llena el aire
con el olor de tu presencia.

Te amo a ti
y no encuentro razones
para explicar por qué te amo…
 

Quizás podremos encontrar una razón: entre los tres libros antes mencionados (el catecismo del P. Astete, los reglamentos claretianos y la Biblia) que han orientado a los Claretianos durante estos cien años de existencia, hay uno que tiene la virtud de cambiar los propósitos humanos, sobre todo cuando éstos no son de justicia: la Biblia. Quien se acerca a ella, con corazón y conciencia limpia, empieza a ver en sus páginas la predilección de Dios por los pobres y quien llegue a enamorarse de los pobres, se tiene que enamorar de un Chocó que ante el país ostenta el título y la realidad de campeón de la pobreza y la miseria. Pero enamorarse del pobre no es enamorarse de su pobreza y mucho menos de su miseria. Reconocemos la posibilidad de que haya habido misioneros que en su afán por vivir el Evangelio, le hayan predicado al pueblo la pobreza como opción. Pedimos perdón por ello. Pero nuestra opción, desde el momento en que nos hemos acercado a la Biblia con una clave hermenéutica de justicia, es clara: creemos en el pueblo pobre, en el que se abre a Dios con sus carencias, para dejarse llenar de justicia y desde ella construir un modelo de sociedad nueva, en el que todos y todas tengan lo que puede hacerlos felices, dignos, plenamente humanos, superando siempre la indignidad de la pobreza material.

La Biblia, como libro realmente revolucionario, estará presente, como punto de partida, en nuestra nueva Universidad. Por eso todas las carreras propias de la FUCLA van a tener un sello bíblico, desde el componente socio-humanístico de las mismas. Además, existirán dos carreras (una de Teología y otra de Educación religiosa), cuyo énfasis será la Biblia. Nos quedará el inmenso desafío de saber enseñar a leer y estudiar la Biblia con una clave hermenéutica liberadora.

 

6. Las ofertas educativas de nuestra Universidad

Una Universidad es, como punto de partida, lo que ella ofrezca. Pero no siempre lo que ella desea es lo que se le permite ofrecer. Hay políticas de Estado, hay razones coyunturales, hay circunstancias regionales y hay contextos conflictivos y específicos que modifican las mejores intenciones. De todas formas, la FUCLA comienza su existencia apostándole a tres frentes: al de la investigación, al de las carreras propias y al de las carreras en convenio.

Los especialistas nos dicen que es mucho lo que se ha investigado en el Chocó. Sin embargo, nosotros vemos que la diferencia estará siempre en la perspectiva con se investigue: no investigaremos el Chocó para llenar con nuestras investigaciones los anaqueles de las grandes Universidades del País, sino para que la investigación se quede aquí en nuestra región y sea oferta e incentivo permanente para la acción y ejecución de proyectos.

Son cinco las carreras propias, cuatro de las cuales, después de un largo proceso, ya han sido aprobadas por el Ministerio de Educación Nacional, restando sólo una por aprobación. Las carreras aprobadas son las siguientes:


PRIMERA CARRERA: ANTROPOLOGÍA, con énfasis en la antropología de los derechos étnicos y en la antropología de lo sagrado. Trata de responder a las etnias minoritarias del Chocó y de Colombia, en el afianzamiento de sus procesos sociales y culturales. Con esta carrera queremos dar respuesta tanto a los líderes de las organizaciones populares y de las comunidades indígenas y afrodescendientes, como a los grupos y personas que trabajan con dichas organizaciones. Estas personas y grupos requieren de profesionales en Antropología que no sólo intervengan en la investigación y comprensión de las culturas, sino en la creación de modelos y metodologías apropiadas, que refuercen lo étnico y respondan a los retos de la interculturalidad. Esta carrera hará énfasis en los derechos de los pueblos como tarea social y en el hecho religioso original como tarea de identidad étnica.


SEGUNDA CARRERA: TRABAJO SOCIAL, con énfasis en reinserción social. Trata de responder a las diversas situaciones de conflicto social y familiar. Con esta carrera intentamos responder a los conflictos sociales que afectan las relaciones de las personas y de los grupos. La desintegración social y familiar, la violencia generalizada inducida por el narcotráfico y la drogadicción y las diversas manifestaciones de violencia que hoy afectan a Colombia, requieren de trabajadores sociales, mediadores de reconciliación, capaces de buscar salidas comunitarias, familiares y personales, que den respuesta a los conflictos, que generen propuestas de reconciliación y que construyan planes de construcción de sociedad sobre la base de una genuina reconciliación social.


TERCERA CARRERA: LICENCIATURA EN EDUCACIÓN RELIGIOSA, con énfasis en Biblia. Trata de responder a la urgente necesidad de que la religión no sea un factor de alienación u opresión, sino un elemento liberador. Con esta carrera anhelamos formar maestros y maestras que a su vez educarán la conciencia de los niños y jóvenes en las clases de religión. Nuestro pueblo, casi en su totalidad, se confiesa miembro de alguna de las múltiples iglesias cristianas que evangelizan nuestro medio. El gran peligro de todas las iglesias de América Latina es el de llegar a formar personas con conciencia pasiva, dependiente, milagrera, rezandera, sin compromiso social, que esperan su redención por un milagro o por la intervención directa de Dios y no por un compromiso personal y colectivo con la justicia. Por lo mismo, es urgente que ese necesario elemento religioso que domina la conciencia latinoamericana sea cuestionado, purificado, renovado y comprometido con la propia historia y sus planes de vida o de etnodesarrollo.


CUARTA CARRERA: TEOLOGÍA, con énfasis en Vida Religiosa y Biblia. Trata de formar, con conciencia liberadora, a religiosos, religiosas y evangelizadores, tradicionalmente encargados de formar la conciencia de los pueblos, las etnias minoritarias y los grupos marginales de la sociedad. Con esta carrera nos proponemos satisfacer la necesidad de formación y de actualización que tienen los religiosos y evangelizadores en su tarea de formar la conciencia del pueblo en general. Sólo con evangelizadores concientizados se logrará un trabajo eficaz en el cambio de conciencia de las comunidades y personas a quienes se les ofrece la religión cristiana. Dichos religiosos y evangelizadores laicos requieren no sólo fortalecimiento y profundización en su propia opción de vida, sino conocimientos y herramientas hermenéuticas modernas, apropiadas para su trabajo.


QUINTA CARRERA: LICENCIATURA EN EDUCACIÓN ARTÍSTICA Y CULTURAL, con énfasis en música, danza, teatro y artesanías. Aunque esta carrera aún no ha sido aprobada por el MEN, trata de responder a las culturas minoritarias (indígenas y afrodescendientes), en el afianzamiento de sus valores y de su herencia cultural. Con esta carrera nos proponemos dar respuesta a las diversas manifestaciones culturales de los grupos y personas. La música, la danza, el teatro y las artes manuales, alma y vida de nuestros pueblos, reclaman no sólo espacios propios de expresión, sino que necesitan cultores que animen, rescaten, defiendan, investiguen, profundicen, sistematicen y cualifiquen, cada vez más, toda la riqueza cultural que dichas expresiones poseen. Toda esta riqueza se encuentra en peligro, ya que un mundo globalizado mal entendido es la peor amenaza para los valores culturales de las etnias minoritarias.

Hay dos carreras que ofreceremos en convenio con la Fundación Universitaria Luis Amigó. La primera es la CARRERA EN ADMINISTRACIÓN DE EMPRESAS. En esta carrera la formación del administrador está orientada a preparar un profesional para crear, dirigir y orientar organizaciones y empresas en los diferentes sectores, en especial en el de Economía Solidaria, lo mismo que a formar en competencias para la investigación y el trabajo en equipo con alto sentido de la solidaridad y en hacer posible las transformaciones sociales y económicas del contexto local, regional y nacional.

La segunda carrera es la ESPECIALIZACIÓN EN GERENCIA DE SERVICIOS SOCIALES. El propósito de esta carrera es el de especializar al estudiante, a través de actividades académicas, investigativas y de proyección social, en todo lo referente al saber gerencial, de tal forma que una vez egresado, esté en capacidad de actuar como gerente, directivo o promotor de EPS, PYMES, ONGs, proyectos de desarrollo comunitario, Cajas de Compensación, proyectos de vivienda, cooperativas, fundaciones, instituciones deportivas y de recreación y cultura, entre otros.

 

7. INVITACIÓN A COMPARTIR SUEÑOS Y COMPROMISOS

Estamos convencidos de que crear una universidad que forme la conciencia en contenidos éticos cristianos, es soñar para el Chocó y Colombia en un desarrollo con justicia, que es el que afianza la paz, realidad hoy esquiva no sólo a nuestro planeta, sino de una manera especial a nuestra patria. En las raíces de la violencia se encuentra siempre la injusticia. Por lo mismo, formar en la justicia y para la justicia es formar para el desarrollo y la paz. Nuestro firme propósito y nuestra esperanza es que cada estudiante que pise nuestros claustros universitarios llegue a ser un hombre o una mujer decididos por el amor universal y sin fronteras, por la fraternidad sin reservas y por el compromiso en la construcción de una sociedad que desee un desarrollo ético, lo ame, lo alimente y lo proteja como el mayor don que Dios le puede dar a la comunidad humana.

Porque ninguno de nosotros quiere un Chocó violento y resentido, politiquero y corrupto, dependiente y aniñado, porque todos lo pensamos maduro, pacífico, libre de ataduras y construyendo pensamiento propio, porque todos lo vislumbramos fraguando sus propios proyectos, encarando el futuro con ética y profesionalismo y porque soñamos un Chocó abierto a toda Colombia, aportándole lo mejor de sí y enriqueciendo generosamente el patrimonio nacional, por eso creemos que nuestro mejor regalo es dejarle como herencia un Centro Universitario que perdure en la historia, y que se convierta en punto de referencia de ética cristiana, en alimento y refuerzo de su patrimonio cultural, y en punto de partida en la creación y animación de proyectos de vida y de paz.

El Chocó está pasando por un momento de crisis de suma gravedad. En este mismo momento aparece esta Universidad. Puesto que es imposible ser imparcial frente a la crisis que estamos viviendo, quisiéramos renovar ante Ustedes nuestro propósito: en cada momento, queremos decirnos y decirle la verdad al Chocó, a sus dirigentes y al pueblo en general. No siempre la verdad es aceptada, cuando los intereses personales y partidistas, la corrupción, la politiquería, el clientelismo, las presiones de los grupos armados, los lazos familiares, la carencia de fuentes de trabajo y la extrema pobreza llevan a aprovechar el instante que la suerte o el Estado ofrecen para poder disfrutar de algo. Pero también sabemos que en nuestra sociedad hay personas que, precisamente porque aman al Chocó, también aman la verdad, cuya aceptación es la única salida ética para nuestra sociedad chocoana, no siempre correctamente enjuiciada, dado que son demasiados los intereses que se juegan en torno a su posición geográfica estratégica y a los bienes que su territorio cobija. ¡Qué bueno que entre todos llegáramos a construir una auténtica verdad para el Chocó que lo salvara! Las puertas de nuestra pequeña Universidad estarán abiertas, para que empecemos a construir esta verdad.

El centenario de la presencia claretiana en el Chocó, próximo a celebrarse, bien merece ser coronado con esta FUNDACIÓN UNIVERSITARIA CLARETIANA que no es otra cosa que el reconocimiento de la dignidad de un pueblo al que hemos tratado de conocer, amar y servir durante cien años que han marcado con sangre martirial y generosa entrega la memoria claretiana en Colombia. Sentimos que desde el cielo nos lo agradecen los claretianos que lentamente desgranaron su vida en esta selva. Recordemos sólo estos datos: En sólo 15 años (1909-1924), habían llegado al Chocó 62 misioneros claretianos; 15 años después de su llegada, en 1924, quedaban sólo 12; 8 habían muerto por enfermedades propias de la zona; los 42 restantes habían tenido que ir abandonando la Misión por enfermedad. Esta historia, que se repitió con el paso de los años, nunca amedrentó a los claretianos. Le damos gracias a Dios por haber recibido una herencia de personas a quienes las dificultades les sirvieron de acicate para llegar a la meta propuesta.

Cuando alguien nos pregunte qué significa una Universidad Claretiana para el Chocó, qué sentido tiene un Centro de Educación Superior en plena selva, le responderemos con esta pequeña canción: 

- Somos parte de un pueblo que sueña,
e intentamos vivir una historia
en que Ciencia y Verdad se conjuguen,
para en ellas anclar la memoria.

- Hace tiempo venimos soñando
que es posible la Historia tocar,
si a la ciencia juntamos proyectos
que en justicia construyan la paz.

- Cuando un Pueblo sus sueños concreta
y su afán es crear sociedad,
en su Historia él encuentra caminos
y en Jesús él se puede inspirar.

 
Soñar una nueva universidad para Colombia no es fácil. Soñarla para el Chocó a veces se convierte en pesadilla, pues las dificultades se multiplican en una región proverbialmente marcada por la incomunicación, la marginación y el atraso y por la politiquería grupista, egoísta y celosa que nos acosa por todas partes. Sin embargo, la vida nos ha enseñado que para hacer realidad un sueño, lo mejor es abrirlo, contarlo y hacer que otros participen en el mismo, ya que existen en nuestro alrededor otros muchos soñadores, para quienes también lo difícil se convierte en desafío.

Ustedes, mujeres y hombres que me escuchan, pertenecen a esta clase de personas. Por eso, las y los invitamos, no a participar en cualquier obra que el viento se lleva, sino en algo que con el empeño y el compromiso de todos se hará duradero, permanente, estable. Con esta obra estamos haciendo que muchas personas empobrecidas, que creen que el estudio, la dignidad, la justicia y la paz no son para ellos, recobren la esperanza y vuelvan a soñar en un futuro con dignidad. Por el compromiso que cada uno de Ustedes adquiera con este sueño de los marginados del Chocó, que el Dios de la vida y de la paz los recompense.

 

8. SÍMBOLOS QUE COMPROMETEN

Quiero ahora invitarlos a que miren por unos breves instantes, el logo institucional o expresión simbólica de la FUCLA.

Sobre un fondo negro, aparece un pájaro libre que se eleva, con sus alas convertidas en arco y llevando entre ellas un sol convertido en llamas y en luz. Esto significa que queremos volar, partiendo del silencio, la reflexión, la profundización (fondo negro), en busca de la verdad y la sabiduría cristiana, en libertad evangélica (el pájaro), para proyectarla hacia la sociedad (las alas en arco), en proyectos de vida (el sol) para el Pueblo y la sociedad en general… Profundicemos algo más: 

En el fondo oscuro, veamos la noche: el silencio, el reposo, la dedicación, el estudio, el depósito de la semilla, la reflexión, el tiempo de la gestación o maduración de las  ideas y de los proyectos… 

En el pájaro libre, identifiquemos el nacimiento y búsqueda, en libertad, de la verdad que libera y abre nuevos caminos de pensamiento, de opinión… 

En las alas en forma de arco, contemplemos la proyección hacia fuera de lo aprendido e investigado, buscando siempre horizontes que rompan el propio círculo… 

En el sol convertido en fuego y llama, palpemos el compromiso de que el estudio y la ciencia deben concretarse en vida para el pueblo…  

En la frase “La verdad los hará libres “ (Jn 8,32), veamos la expresión cristiana de la FUCLA. Es una frase que el Evangelio de San Juan pone en labios del mismo Jesús, como expresión de la auténtica libertad de los Hijos del Reino. La realidad de esta frase se hará vida, en la medida en que, en todos nuestros caminos, nos empeñemos en la búsqueda de una verdad siempre abierta a mayor enriquecimiento… en que no nos estanquemos, sino que aceptemos que nuestra verdad de hoy se debe convertir permanentemente en “más verdad”, para que así cumpla su misión de liberar al ser humano de hoy y de mañana, y al  de cualquier rincón de Colombia y de nuestra América. Esto que les digo no es mentira: una verdad se hace más verdad, en la medida en que la verdad de hoy se va llenando cada vez de mayor justicia… Por eso, nuestra verdad de docentes no debe ser nunca dogmática, sino dinámica: siempre abierta a la historia que nos corresponde vivir. 

Esta es la razón por la cual a cada estudiante que se acerque a la FUCLA, le diremos con amor y pleno convencimiento:

 

Construye sociedad, construye amor,

ten la justicia como un ideal,

busca una luz, leyendo, investigando,

pregunta al pueblo cuál es su verdad…

 

9. CONCLUSIÓN

Frente a la Fundación Universitaria Claretiana, cuya presentación en sociedad estamos realizando, podemos decir que los sueños son abundantes y que el horizonte de hace unos años hoy se nos ha agrandado. Sabemos que todo nace pequeño y que sólo la claridad, la voluntad decidida, la perseverancia, el sacrificio personal y colectivo, con la compañía del Padre de la Vida y de su Espíritu, lo mismo que con la fuerza de Jesús de Nazaret y su Evangelio, harán posible que en nosotros y con nosotros se cumplan las esperanzas del pueblo a quien evangelizamos. No queremos olvidar este principio: el mejor trabajo de evangelización es el de transformar y mejorar las conciencias. Cuando Antonio María Claret lanzó a los claretianos por el camino del anuncio de la Palabra de Dios, sin duda que estaba pensando esto mismo. Pero lo importante hoy es que el anuncio de esta palabra tome las nuevas dimensiones que los tiempos exigen, tratando de hacer nuestro, aquí y ahora, este principio claretiano: hay que estar en búsqueda de lo más urgente, oportuno, eficaz y necesario. Creemos firmemente que están en esta línea el educar las conciencias de nuestro pueblo y el convertir a cada persona en un multiplicador de procesos de cambio de conciencia y proyecciones concretas de vida.

Entre todos o entre muchos podemos hacer posible lo que individualmente sería una locura. Que el Espíritu del Padre Celestial nos acompañe en este proyecto, como acompañó a Jesús de Nazaret en los sueños que Él tuvo por el Reino, siempre en favor del pueblo, que sigue siendo el pueblo de Dios, porque Él nunca ha renunciado a ser su Padre.

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